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martes, 29 de junio de 2010

42,195

Casi todos los que tenemos esta afición seguimos en ella gracias a los retos que nos vamos marcando.
Después de un tiempo en este mundillo del correr (no me gusta la palabra “running”), me he dado cuenta que pocos se conforman con “mantenerse” y muy pocos lo hacen “por salud”.
Hay que reconocer que la práctica del atletismo a un nivel popular es saludable, pero llegamos a un punto en que deberíamos preguntarnos si es tan saludable el buscar los límites de cada uno.

Hablo de límites de distancia, de tiempos, de barreras físicas y psicológicas, ¿qué soy capaz de aguantar?. Sí, somos masocas, nos gusta el sufrimiento, porque después de un reto superado nos hacemos mejores, más fuertes.
El dolor es momentáneo, el orgullo y la gloria para siempre. A algunos se le reconocerá públicamente y a la inmensa mayoría nos bastará con saber que hemos podido.
Al finalizar un reto, normalmente acabamos extenuados, pero nos sentimos vencedores, independientemente de la posición en que hayamos acabado, y ese sentimiento nada ni nadie nos lo puede quitar. Esto es lo que me hace seguir y a la vez lo que nos hermana a todos los corredores.
¿Quién no le ha dado la mano alguna vez a algún desconocido con el que ha cruzado la línea de meta?. En la última “dura” que he corrido, la Subida a la Ragua, al acabar me fundí en un abrazo con otro corredor que no había visto en mi vida, fue un gesto espontáneo, pero dijo mucho, yo estaba orgulloso por cómo a pesar de mi bajo estado de forma había enfocado la carrera y cómo la había acabado. El otro corredor tendría también sus motivos para emocionarse.

Pocos deportes son tan individualistas y a la vez hacen a una persona tan humana como el atletismo.
Definitivamente pienso que buscar tus límites no es saludable, pero peor sería fumar varios paquetes de tabaco al día tumbado en el sofá hinchándote de patatillas fritas, al menos, para mí, es más aburrido. Algunos prefieren pasar un par de horas viendo cualquier cosa en la tele, yo sin embargo he elegido pasarlas con unas zapatillas de correr y llenándome de sensaciones, aprendiendo a ser mejor persona con cada zancada, a empequeñecer los problemas del día a día, a comprender a mi mujer por la riña que acabamos de tener, a no ver a mi hija como un demonio con carita de ángel.
Pocas veces me ha dado pereza calzarme las zapatillas y cuando he tenido morriña, al empezar a trotar se me ha pasado y al llegar a la casa y empezar a estirar me embarga una grata sensación de bienestar y placer por haber hecho los deberes.
Después de varias carreras algo más “duras”, aún tengo una asignatura pendiente, cada vez noto más su llamada, oigo como me reta “el tío del mazo” a intentar pasar el temido “muro”.
Quizás haga el intento en la Maratón de Málaga, bautizarme en el bautizo de una carrera, me gusta como suena. Es ideal, llanita y en la playa.
Mi idea es moverme entre las 3 horas 10 – 3 horas 15. Sin agobios, objetivo prioritario: “Acabar”.
Siempre he comentado que no me llama la atención hacer una maratón, pero sí me gustan los retos y éste es uno nuevo, quizás accesorio de otros que considero más principales, como ultrafondo y carreras por etapas.
Pienso que antes que embarcarme en cualquiera de ellos tengo que ir preparándome psicológicamente a enfrentarme a mí mismo, creo que tiene que ayudar enormemente el enfrentarse a situaciones límite y superar escollos, esto deja cicatriz y refuerza tu mente.
Los que me conocen lo saben, soy un “culillo mal asiento”, así que lo que pienso hoy puede cambiar mañana. A lo mejor (o a lo peor) elijo estrenarme en una maratón de montaña (¿Jarapalos?), con lo que el objetivo parcial de la marca me lo ahorraría.
Quizás haya corrido carreras más duras que una maratón, o quizás no. Sólo podré saberlo y comparar cuando le haya hecho un “corte de mangas” al temido tío del mazo y cruce la línea del 42,195.