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lunes, 17 de enero de 2011

SAN ANTON 2011


Sin duda la mejor carrera de mi vida.
No por los resultados (que no estuvieron nada mal), sino por lo que disfruté y las emociones que sentí y que llevaba encima desde el viernes, cuando a las 8.30 de la tarde me dijo mi mujer: "Nono, parece que me ha dado un dolorcillo". A las 23.00 me pusieron la bata y los patucos para entrar al paritorio y a las 23.40 ya asomó su cabecita mi Pablete, la cosa más bonita y más emocionante que me ha pasado nunca. Con Lucía no pude estar en el parto y no me podía ni imaginar lo que se siente al ser el primero en ver la cabecita de tu hijo, es algo que no se puede explicar con palabras, pero sí con lágrimas de emoción y de alegría.
En esta carrera, como ocurrió el año pasado, tuve el placer de calentar con mi padre, que otro año más cumple con la tradición y corre la San Antón como su particular regalo de cumpleaños (le han caído 65, menos mal que no le ha pillado otra de las sorpresas de ZP).
Además también se animó a correr mi suegro y mientras calentamos y saludaba a tantos y tantos conocidos de las carreras, nos encontramos con mi compi de curre, Juan Carlos, que era su debut en esto del correr (¿ves como esto es más divertido que correr en cinta?).
Cuando uno va cumpliendo años y al cabo del tiempo ves a amiguetes de correrías del instituto, te da mucha alegría, pero si además el escenario es en este tipo de eventos, mucho más, porque ves que no eres el único loco de la panda de juerguistas que se ha pasado a la vida sana. Así que cuando se me acercaron Emilio Lara y Jesús Carballo a saludarme me dieron otro subidón, hacía mucho tiempo que no los veía.
Parece mentira que uno pueda saludar a tanta gente en tan poco tiempo.
Al entrar al redil me puse a buscar al que iba a ser mi liebre, una liebre de lujo, es todo un veterano, no por la edad, sino por los kilómetros y carreras que lleva en sus piernas (y vaya tiempos que se gasta), el gran José Carlos del Quiebrajano. Iba a tirar de sus pupilos a ritmos de 3.50-4.00 y me subí al carro (pensando que no iba a poder aguantar mucho).
Aquí me dí cuenta que la veteranía es un grado, salimos justo por detrás de los federados en una inmejorable posición, gracias a como se abría paso José Carlos.
Pistoletazo y a correr, me costó un poco adaptarme al ritmo que impuso al principio, pero mediado el Gran Eje empecé a encontrarme muy agusto. Cuando la gente estaba apagada, José Carlos levantaba los brazos y nos llovían los aplausos (qué gran corredor popular es este tío).
Al comenzar a subir la Avda de Madrid, nos dió instrucciones para que subiéramos con el mismo ritmo desde el principio hasta el final. Pero aquí salieron a relucir las dos últimas semanas de entrenos subiendo por la Casería del Vicario hasta el Neveral o la Mella.
Así que decidí aumentar algo el ritmo e irme en busca de Cristóbal del Maratón Jaén, viendo que aún me quedaban varias velocidades por meter, apreté un poco más y en Pioneros pillé a varios corredores de Jódar (entre ellos uno de los mejores Veteranos C de la provincia), con lo que empecé a pensar que llevaba muy buen ritmo (no llevaba crono).
En la Fuente de Don Diego, adelanté a Rafa Martínez, promesa del Jaén Clima y del runner popular de Jaén, creo que el chaval tiene que atravesar problemas porque no es normal que estuviera "tan retrasado".
Ya tenía en mi punto de mira a mis compañeros de club Félix y Agustín (ánimo campeón, sin apenas entrenarte en tanto tiempo y estás fenómeno), los adelanté en La Alcantarilla y superé el escollo de la carrera bastante entero (seguro que más de uno petó aquí).
Al bajar por La Carrera (lástima que este año nos hayan quitado el marco de La Catedral iluminada), aunque apreté, se me escapó el corredor de Jódar.
Iba muy entero, pero sabía que aún quedaba mucha carrera.
Cuando giramos por la cuesta del hospital, comencé a agitar los brazos y mirar para arriba, quería saludar a mi mujer y mi pequeño Pablillo (gracias a eso me reconoció).
Poco antes de entrar al Gran Eje, vi a mi compi Manolo, "el champion", lo adelanté y aquí es cuando pensé: "macho estás haciendo la carrera de tu vida". En plena curva de Carlón (para los jiennenses de más años) o de Ivarte (para los que no tienen tantos años), adelanté a Miguel Angel Muñoz (de la Academia de Guardia Civil) y decidí afrontar el Gran Eje con ritmo vivo.
En este punto la gente apenas me dejaba adelantar, en parte me vino bien, porque al salir de la Fuente del Gran Eje, pasábamos de un estrechísimo pasillo en el que apenas podían pasar dos corredores juntos a una anchura de calle de unos 20 metros, es pasar de una sensación de ir realmente rápido a parecer que te has frenado (cuando en realidad creo que mantuve el mismo ritmo).
Miré el reloj de meta y marcaba 32.40, aunque mi tiempo real fue de 33.14 (se ve que la meta estaba algo más lejos), a 3.49 de media en 8,700 km (no sé si la distancia sería real), 156º de la general.
Entré justo por delante de Pepe Burgos (no sabía que era él, sino seguro que me da miedo y no lo adelanto) y vi que el crack de Juanra sólo había entrado unos segundos por delante mía.
Ya con mi fanta en la mano, saludé al gran Javi Olea (enhorabuena, el 13º, bonito número, entre tantísima élite en una San Antón, ya es correr..., y además 3º de su categoría).
Salí pitando, sin poder saludar ni preguntar a nadie, al día siguiente había cole y tenía que duchar, darle de cenar a mi Lucía y acostarla tempranito.
Enhorabuena también al maquinón de mi amigo y vecino Fini, por su puesto 41º y a todos y cada uno de los casi 4000 atletas de la carrera B y de los 1400 de la carrera A (la de los pekes), que cada uno con arreglo a sus posibilidades volvieron a hacer posible que otro año más la carrera de San Antón sea una de las mejores del mundo.
Gracias a cada uno de los cientos de miles de espectadores que entre gritos, aplausos y antorchas te llevan en volandas y hacen que realmente sea una carrera mágica, gracias a los cientos de voluntarios que de forma altruista y profesional colaboran para que todo salga perfecto y, por supuesto, gracias a la organización, que toma nota de los errores de otros años y logra superarse.

jueves, 10 de junio de 2010

DIOS DE LA LLUVIA APIADATE ….


Ayer no tocaba correr, era tarde de feria, es la Virgen de la Capilla y día del niño, por lo que llevaría a la peke Lucía a disfrutar de los cacharritos.
Me despedí de ella y estaba tan nerviosa que no durmió siesta, así que cuando volví de trabajar me la encontré con cara de estar reventada de sueño, además empezó a llover fuerte.
Buscamos aparcamiento cerca de la feria y al bajarnos se había quedado roque. Me dio lástima despertarla y decidimos que lo mejor sería dejar los cacharros para el día siguiente (aunque tocara rascarse el bolsillo el doble).
Al llegar a casa le digo a mi mujer: “Voy a tirar la basura y de camino …..” no me dio tiempo a acabar la frase, sonó mi móvil y una sonrisa afloró en mi rostro (mi móvil se chivaba: “Serafín vecino”). Tenemos telepatía, iba a pasarme por su casa para ver si estaba tan loco como yo y le apetecía mojarse, pero una vez más se me adelantó.
Hacía bastante tiempo que no disfrutaba tanto una salida, quizás sea porque entraron en juego dos sentidos más que casi tenía olvidados al correr: el olfato y el tacto.
El olfato, qué decir del olor a lluvia, a tierra mojada, a follaje húmedo. Me encantan los días de lluvia, salir fuera y llenarme con sus olores.
Y el tacto, notar cómo la lluvia golpea tu cara, tus brazos, tus piernas, cómo actúa de refrigerante en tus músculos.
Soy un corredor al que le va muy bien el calor, últimamente no tanto, pero he de reconocer que mis mejores carreras y mis mejores marcas las he hecho bajo la lluvia.
Con los pocos que nos cruzamos nos miraban incrédulos, como si fuéramos fantasmas a los que sólo ellos veían, pero no éramos fantasmas, éramos dos locos con la misma afición.
A más de uno se le cayó la baba de envidia, ¿verdad Mª del Mar y Jose Antonio?, seguro que si hubierais tenido las zapatillas en ese momento os habríais unido a nosotros.
Nos metimos por las olivas, nos llevamos kilos extras pegados en las zapatillas en forma de barro, nos metimos alguna cuestecita que otra, pero ayer volví a recuperar algo de sensaciones.
No sé si será por el fresquito que hizo, si sería la lluvia, o quizás empiezo otra vez a coger algo de forma, pero ayer me sentí muy bien. Mientras estiraba, sin refugiarme de la lluvia, era como si esa misma agua que me mojaba actuara como “cargador de batería”, cuanto más rato pasaba bajo ella mejor me sentía, hasta que volví a la realidad y pensé “gilip…. verás con tanta filosofía y tanta tontería, como te resfríes no corres el domingo”
En estos días es cuando uno se da cuenta el por qué le gusta correr y que nada ni nadie puede impedirlo.
Fue un entreno en plan tranquilo, pero noto mis piernas fuertes, algo cansadas, pero con ganas de comerme el domingo el Puerto de La Ragua.
Me encanta esta canción.





…. Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
espíritu de la bruma, no volverán.