lunes, 4 de marzo de 2013

Maratón de Sevilla 2013




Los que me conocéis bien sabéis que llevo un par de años bastante atareado. Al trabajo y familia se le ha unido la Universidad, estoy aprovechando el parón de promoción interna para sacarme el grado en FYCO, por lo que también he tenido que ponerme las pilas con el inglés (ya aprobado gracias a Dios y a mi dedicación).
Sólo tengo dos hijos pero el terremoto de mi Pablo me desborda, juro que a veces lo veo en dos sitios distintos al mismo tiempo y por supuesto haciendo alguna de las suyas. Es muy travieso pero es tan gracioso el puñetero que me cuesta horrores mantenerme serio cuando le regaño.
Para sacar tiempo para todo ello, lógicamente he tenido que dejar un poco de lado mi pasión, correr. Pero esta pasión es mi forma de entender la vida, por lo que aunque no encuentre una rutina para entrenar, nunca he dejado de correr. Mi Lucía y mi Pablo son mi debilidad y ese ratito que pueda pasar con ellos es lo que más me cuesta sacrificar cuando me voy a correr.
A pesar de mi falta de entrenos y rutinas las marcas van llegando y lo que creía que era imposible se ha vuelto posible. Mis dos medias maratones en 1.20 “pelaos” y mi participación en el Campeonato de España Universitario de Cross han sido encumbradas por la carrera que más he disfrutado de todas las que he disputado: La Maratón de Sevilla.
Todos los populares, cuando empezamos vemos a los maratonianos como héroes, como algo imposible de alcanzar. Es una distancia llena de mitos y de historias y creedme, la gran mayoría son ciertas. Así me sentía (aparte de acatarrado y con la garganta destrozada) cuando me metí en mi cajón de salida, pero empecemos por el principio.
La maratón de mi estreno iba a ser la de Ciudad Real (durante el verano no tenía clases y además no me costaba tanto trabajo madrugar para correr), así que con la ayuda de mi compañero de club Luis Parras empecé con un plan de entrenamiento con un objetivo: Bajar de las 3 horas.
Los entrenos iban de fábula, pero empecé a sobrecargarme y después de un mes y medio de entreno tuve que dejar durante un tiempo de correr por un esguince de rodilla (creo que me tuve que romper el menisco, porque aún a veces dejo de correr cojo del dolor y ya hace 8 meses de mi lesión). Así que de esa forma el sueño de Ciudad Real se esfumó.
Cuando empecé otra vez a correr pensé en Málaga pero estaba demasiado cerca así que ¿por qué no centrarme en Sevilla?.
No podía entrenar más de tres días a la semana así que intentaba rentabilizarlos. Uno de series, una tirada larga y otro de pesas. No todas las semanas tenía la suerte de contar con tres días, ha habido alguna que me conformé con sólo uno o incluso la semana de antes de la maratón no pude salir ni siquiera a estirar las piernas.
Con ese bagaje, lo más lógico era renunciar a las 3 horas y sólo intentar acabarla y disfrutar. Pero en mi interior sabía que mis piernas valían menos de 3 horas.
Como todos los novatos no sabía qué estrategia seguir, si atacar en la primera media y tener un colchón importante para la segunda; intentar mantener el mismo ritmo toda la carrera; salir reservón para atacar pasado el muro…. Hasta que leí a mi buen amigo Javi Olea que en un mensaje del facebook deseándonos suerte a todos los que corríamos en Sevilla nos aconsejaba ser reservados en la primera media y atacar en la segunda.
Me sentí abrumado por la cantidad de gente que se acordó de mí, mi correo y mi teléfono no paraban de recibir llamadas y mensajes deseándome suerte, si no fuera por esas muestras de apoyo habría sido mucho más duro.
Pasemos a lo importante: La maratón y todo lo que la rodea.
El sábado visita rápida a la feria del corredor. Recojo el dorsal y cuando voy a coger la bolsa casi me choco con otro corredor (que venía embalado), ¡! Pero si es Chema Martínez. Como me llevó un amigo de Sevilla y habíamos dejado a las mujeres solas no nos entretuvimos mucho.
La bolsa del corredor genial. Para ser la maratón más barata de España (al menos que conozca) tenías pantalón técnico, camiseta técnica, revistas varias, muestra de pistachos, 1 litro de caldo, bote grande de desodorante corporal, muestra de crema para masajes, …
El sábado por la noche me la pasé entera con los pañuelos secándome las gotillas de nariz, menudo catarrazo tenía y para colmo totalmente afónico y con la garganta destrozada, así que bajé a la farmacia y a inflarme de Ibuprofeno.
El domingo y pensando en la situación tan lamentable en que estaba me prometí no sufrir lo más mínimo. Me dirigí a dejar mi macuto y primer “pero” para la organización, la zona de guardarropía era extremadamente pequeña para el volumen de corredores que estábamos. Estaba organizado por número de dorsal (filas de 500 en 500), todos apelotonados y aquello que no avanzaba, pensé que no iba a poder tomar la salida a tiempo, no sé si alguien tuvo que salir más tarde por este motivo.
Iba con Diego (del Huelma 2003), y al entrar en mi cajón (otro punto a favor de la organización, había varios cajones habilitados para los que hubieran acreditado marca en media o en maratón) me encontré con Rafa Martínez y con Miguel Ángel Muñoz, ya empezaba a sentirme como en casa, rodeado de gente conocida.
Rafa me dijo que no iba a exigirse nada, que iba a salir a disfrutarla, así que cuando pegaron el pistoletazo empezamos a correr sin parar de hablar. Los kms iban cayendo y los dos estábamos eufóricos, íbamos a ritmo de 3h muy agusto, y aparentemente sin ningún desgaste, si no hubiera llevado el gps habría pensado que el ritmo era mucho más lento de 4.15.
Carrera animadísima por otra actividad paralela de la organización: Concurso de grupos de música, indescriptible la sensación de pasar por al lado de ellos y sus bafles a toda pastilla.
Íbamos en un grupo numeroso y en mi caso, frenándome para continuar integrado en él. Pasamos la media maratón a algo más de 1.29 y en mi mente sólo tenía el temido km 35, ¿será tan duro como dicen?.
Los avituallamientos (numerosísimos y muy completos) dejaron de estar en ambos lados para situarse a la derecha (yo iba por la izquierda), lo que hacía que cada vez que intentaba abrirme paso entre el nutrido grupo, cuando llegaba al extremo ya no había mesas. Por lo que esto unido a que me dijo Rafa que empezaba a estar tocaete (por culpa de una plantilla), hizo que cambiara un poco el ritmo y abandonara el grupo.
No paraba de adelantar gente y me sentía pletórico, tanto que en el 32 pensé sorprender al “tío del mazo” (si me quería coger iba a tener que sudar), metí otro cambio de ritmo y empecé a rodar realmente rápido, eso unido a que iba adelantando a gente que se había topado de lleno con el “muro”, me dio un buen subidón (no porque otros lo estuvieran pasando fatal, sino porque yo aún estaba entero y deseando de correr). Uno de los corredores que adelanté (que llevaba muy buen ritmo) se pegó detrás mía y empezamos a tirar los dos. La foto del margen es del paso por la Plaza de España con dicho corredor, sería sobre el km 33-34 y rodábamos sobre 3.40, si me lo dicen antes de empezar no lo hubiera creído.
Pasamos todo el casco antiguo de Sevilla (el recorrido en los últimos kms de la maratón precioso con la Plaza de España, La Catedral y la Torre del Oro como testigos) entre aplausos y ánimos del público, aquí empecé a emocionarme y no pude contener las lágrimas. La gente no puede hacerse una idea de lo que sus ánimos hacen a un corredor popular, te hacen sentirte realmente grande.
En el 37 me dio un amago de calambre en los isquios, a esas alturas no quería que nada me amargara mi estreno, así que aflojé mucho el ritmo y me di cuenta que empezaba a estar bastante cansado, pero ya estaba hecho, sólo me quedaban 5 kms.
No sé si el chaval que se me enganchó iba igual que yo, pero el caso es que se adaptó perfectamente a mis ritmos igual íbamos a 5’ que por un momento se me olvidaba que estaba cansado y al borde de un ataque de calambres y nos poníamos a rodar a 4’.
Al pasar por el km 40 un hombre que estaba animando nos gritó: “Ya está todo hecho, ahora toca disfrutar, saborear vuestro triunfo”. Y vaya si saboreé los dos últimos kms., levanté la cabeza, enderecé mi posición y pensé que no quería que eso acabara nunca, después de 40 kms quería seguir corriendo (¿me habrá afectado al coco la maratón?)…
Entrada al Estadio Olímpico, ya está todo el trabajo hecho, mirada a lo lejos al crono, marcaba 2.56 y apretar para intentar pasar en dicho tiempo, al final pasé en 2.57, aunque mi tiempo real fue de unos segundos menos y me planté en 2.56.54. Completamente convencido de que había encontrado la distancia que me gusta.
La maratón se adapta perfectamente a mis cualidades (que no son muchas), es una carrera que tienes que hacerla sin sufrir hasta superar la mitad o algo más y a partir de ahí necesitas ser terco como una mula (eso se me da muy bien). Para la próxima seguiré siendo conservador al principio (aunque intentaré pasar a 1.25) e intentar aumentar el ritmo de cara a los últimos 10 kms. (¿se me nota mucho que ya quiero bajar de 2.50?).
La prueba estaba homologada aunque mi GPS me dio casi 300 metros más (lo comenté con varios corredores y todos me dijeron que les había pasado lo mismo).
Llegada y atención al corredor por todo lo alto: agua, frutas, refrescos, , toallas, cerveza...
¿Por qué una maratón es grande?. Quizás al que nunca la haya corrido le puede ayudar las siguientes imágenes:
La alegría del objetivo cumplido

La solidaridad de los corredores y el espíritu de superación

 
Cuando llegué a coger mi macuto no tuve que guardar cola, como iba por dorsales y yo llevaba el 537 mi fila estaba vacía, sin embargo la de al lado (del 1 al 500) estaba ya repleta de corredores (a número más bajo mejor marca acreditada). Aspecto a mejorar y mucho por la organización, ¿por qué no quitaron las vallas para la llegada?. Hasta las 3 horas y poco estaría saturada las dos filas primeras y a partir de las 4 horas no quiero ni pensar la que se liaría en las otras (mientras que las dos primeras estarían vacías).
En las duchas tampoco hubo previsión para tanto volumen de gente, me entretuve un poco en entrar y cuando fui a ducharme había mucha cola. Eran poquísimas duchas para tanto corredor, menos mal que ninguno nos entreteníamos en exceso. Lo mismo, no me gustaría estar en el pellejo de la criatura que entrara la última, ¿a qué hora terminaría de ducharse?.
Luego también fue un poco caos por la poca información que tenían los voluntarios y organizadores, preguntaras a quién preguntaras nadie sabía nada que no fuera de su cometido ni tampoco a quién tenías que preguntarle.
Quitando esos “problemas” para mi tiene un 10 la maratón de Sevilla: Por el recorrido (totalmente llano y bastante atractivo para hacer turismo a la vez que corres), por la animación (concurso de bandas de rock, concurso de fotografía y público), por la bolsa del corredor, por el precio (también tenías cena de la pasta y comida de fiesta de corredor incluida en la inscripción),  por el detalle de los cajones de salida, por tanto voluntario y seguro que me dejo algo más.
Qué decir que mi alegría fue completa porque se decidió a acompañarme Raquel y pude disfrutar también de los ánimos de mi sufrida mujer y de mis peques. Lo suyo sí que tuvo que ser un auténtico calvario, recoger todas las cosas del hotel, empaquetarlas en el coche y cuidar de l@s d@s fieras, todo eso solita porque me fui temprano del hotel.
Menudo tocho me ha salío, si habéis conseguido llegar hasta aquí leyendo, seguro que correr una maratón para vosotros es pan comido.
Ahora a por el siguiente objetivo, bajar de la hora 20 en Málaga y clasificarme para el campeonato de España absoluto de Media Maratón (aunque al final no lo corra). ¿Lo conseguiré con tan poco entreno?.

lunes, 1 de octubre de 2012

Emotion Extreme 2012


Con la élite: Raúl, Fini y Gonzalo

Cualquier iniciativa para organizar una carrera merece mi más sincero respeto y admiración. Sea cual sea el resultado, aunque resulte un desastre en cuanto organización siempre contarán con mi apoyo y reconocimiento.
Pero lo que me revuelve el estómago es cuando alguien intenta hacer de la carrera popular un negocio. Pero además de hacer negocio resulta que tanto la carrera como lo que había alrededor de la carrera resulta un chapuz, un negocio muy mal organizado (eso sí con muy buen resultado económico para sus promotores).
Vergonzoso lo que ví ayer en la primera Emotion Extreme y para mi la última a la que asistiré.
Una pena, porque el recorrido precioso, los corredores con muchas ganas de montaña y eso sí, por lo menos disfrutamos de la montaña.
Cobrar el pastón que costaba la participación en la carrera y a cambio recibir mala organización, mala educación, una espera para recoger un trofeo innecesaria, pagar 1,50 euros por un vaso de cerveza, una camiseta y una gorra (estas dos últimas cosas, donadas por Caja Rural). Más de uno se lo pensará el año que viene antes de participar, conmigo que no cuenten, que como le dije al "borde" de la organización que llevaba los listados de las clasificaciones, esta carita no la verán el año que viene.
Todo comenzó al poco de dar la salida, la policía se adelantó demasiado y los que íbanos en cabeza de carrera, en el primer cruce (en la calle Fuente del Alamillo), en vez de girar a la izquierda, lo hacemos a la derecha. Los corredores de atrás nos advirtieron de nuestro error y rectificamos, la primera en la frente, no había señalización ninguna ni nadie de la organización en el primer cruce para indicarnos el camino a seguir.
Cruzamos la Puerta de Martos y la Magdalena, en busca del camino del Bigotes (sin señalización por ningún sitio) y segunda vez que nos perdemos los de cabeza, en otro cruce cogemos una calle que sube empinada y a mitad de la cuesta oímos las sirenas que iban por la paralela, así que vuelta para abajo y a retomar la otra calle.
Aquí ya iba que me subía por las paredes, cómo puede ser que no hayan puesto a voluntarios en cada cruce para indicar al corredor por dónde debe ir. En el campo vas siguiendo las cintas, pero si en ciudad no colocas indicación alguna ¿cómo coj.... vamos a saber por dónde hemos de correr?.
Bueno, salimos al carril del Bigotes y a partir de aquí no estaba mal señalizada la carrera, en algunos puntos daba lugar a confusión, sobre todo en las bajadas, algunas chungas y tenías que ir más atento de la cinta que de dónde estabas pisando.
A pesar de eso me volví a perder otra vez, bajando hacia la Casería del Vicario, pensé que teníamos que seguir el camino y crucé las olivas para seguirlo, cuando estaba a punto de retormarlo el que venía detrás (algo rezagado), tuvo el detalle de pegarme un vozarrón y avisarme de mi error, vuelta a subir las olivas y ví a un voluntario, pero en vez de estar situado en el cruce donde podía haber confusión, estaba casi metido en la vereda de bajada (realmente tenía que ser espectacular ver la bajada desde la posición donde estaba), le pedí por favor que se situara algo más atrás para que no se perdiera ningún corredor más.
La carrera dura y muy bonita. A pesar de estar muy poco entrenado (y lo poco por llanos) acabé con algo más de 1:44 en el puesto 14 de la general. Creo que habiendo hecho algo de entreno específico podía haber realizado una carrera bastante mejor, y sobre todo sin cargarme tanto las piernas.
Más sorpresas cuando después de darme el masaje y ducharme me dirijo a la barra y veo a los corredores pagándose las cervezas. Nos habían dado un ticket con el que tenías derecho a una cerveza o refresco y a un bocadillo o plato de paella. La comida vale que la dosifiquen, pero la cerveza, que moviéndote un poco a cambio de publicidad te la regala Cruzcampo, cobrarte 1,50 euros por un vaso de plástico, me parece un sablazo como pocos.
Llegué sobre las 12 menos cuarto de la mañana, había pillado trofeo como 2º universitario, hasta las una aproximadamente no pude hablar con nadie que me confirmara esta clasificación (los de gescon chip no tenían ni idea y hablé con bastante gente del Emotion que tampoco me supo indicar), pues cuando por fin logro dar con la persona, le pido que me confirme que se van a entregar los trofeos (iba con mis dos chiquitines y tanto el padre, como la madre, como mis retoños teníamos más hambre que el perro de un ciego), después de hablar con este individuo quedamos en que los trofeos de la Universidad se repartirían junto con el resto de las categorías. Pues a las 2 y cinco (a pesar de estar planeada la entrega de trofeos para las 1 y media) se acerca este individuo y me dice que al final han decidido hacer la entrega de los de la Universidad otro día en el gimnasio. Me salió del alma cuando le dije, "ves esta cara, pues quédate con ella que no volverás a verla".
El tío  en vez de reconocer que la cosa no estaba saliendo muy bien y pedir disculpas se puso borde conmigo. Tiene coj....
Hay ejemplo de carreras de montaña bonitas y con una organización magnífica. Corrí la Media Maratón de montaña de Somosierra. La inscripción está subvencionada por el Corte Inglés, la gente de la organización se ha movido para que nos salga gratis a los corredores. Además después de llegar, tienes un ágape con multitud de aperitivos y cerveza y refrescos los que quieras.
En Almería, todos los años se celebra la carrera del Zapillo, gratuita para los participantes y con buena bolsa del corredor, bocadillos, fruta, cervezas y refrescos.
En fin tenemos multitud de carreras que a pesar de organizarlas clubes con recursos muy limitados y sin apenas apoyo institucional (en el caso del Zapillo, sin ninguno), se vuelcan y aunque al final la cosa no salga perfecta no te queda otra que quitarte el sombrero ante ellos y no te cansas de darles las gracias y la enhorabuena.
Hay otras carreras, que a pesar de costar algo la inscripción, tienen una organización impecable y además recibes con creces lo que has pagado.
En fin, una pena, porque el evento prometía pero la organización lo ha eclipsado y lo ha estropeado de mala manera, intentando hacer un negocio de un deporte. O cambian la filosofía de este evento o está condenado al fracaso.
Llegando a meta y concluyendo el Emotion 2012

viernes, 12 de agosto de 2011

DE GRANADA AL CIELO (SUBIDA AL VELETA) 7-08-2011



Han sido tantas y tan distintas las sensaciones y emociones que he sufrido y disfrutado durante la carrera que va a ser tarea imposible reflejarlas con palabras.
La meta estaba cerca del cielo. Pero la muerte quiso hacer una macabra paradoja y a la misma hora que se daba la salida (aproximadamente a las 7.20 de la mañana) el maldito cáncer se llevaba a mi tía aún más alto de lo que yo subí. Me enteré en la llegada, cuando por fin tuve cobertura y pude llamar a mis padres para decirles que todo había salido bien.
Esta ha sido la carrera de las dedicatorias, la primera a mi tía, que seguro que me acompañó y protegió hasta la cumbre del Veleta. También durante la carrera me acordé muchísimo de Cristóbal y lo mal que debe estar pasándolo; Cristóbal lo importante en esta vida es “estar vivo” y si encima tienes una familia y esos “peazos” amigos no puedes pedir más; sólo tienes que cambiar el chip.
Tampoco olvidé los mensajes de apoyo de mi familia, del club y de amigos. Todo ello me ayudó muchísimo durante algunos momentos agónicos pero cruciales para seguir adelante.
Atrás quedaron largos entrenos y dudas durante el último mes (las últimas tres semanas apenas pude correr por tener la garganta destrozada).
La verdad que la carrera empezó desde el día que decidí prepararla, con tiradas muy duras y bonitas por el Cerro San Cristóbal, Jabalcuz, Puerto Alto, Serrezuela de Pegalajar y, últimamente, por la sierra de Almería (paisaje desértico, pero lleno de encanto).
La noche de antes no dormí nada, por lo que a las 4 de la mañana me puse a desayunar y para las 5 ya salía de Salobreña camino de Granada.
Como andaba algo perdido por Granada, paré al coche que venía detrás y resulta que era de otro corredor que venía de Antequera, siguiendo las indicaciones de unos taxistas llegamos sin novedad a la salida. Aún no eran las 6 de la mañana, por lo que estábamos prácticamente sólos en la salida.
Gracias a Juan Alfonso me despreocupé del dorsal, cuando llegó con Ildefonso, fotito delante de la pancarta de salida (Ildefonso, otra vez dile a tu hijo que te explique cómo funciona la cámara) y a iniciar los trámites pre carrera (cremita protectora, cola para dejar el macuto, paseo hasta el coche para dejar la camiseta recuerdo, etc.).
En este tipo de carreras nadie calienta, porque todos salimos con un ritmo mucho más lento del acostumbrado.
Ya en las dos vueltas iniciales al Paseo del Salón se me puso el vello de punta al sentir el calor de la gente. Esto es lo que más me llamó la atención de la carrera, con todo el que te cruzas te hace sentir especial, un superhéroe.
Los tres primeros kilómetros los hice con Raúl del Hockey, que me confirmó su incorporación a la selección andaluza de carreras de montaña.
Cuando uno compite, te impones un ritmo máximo, por debajo del cuál puedes correr, pero nunca deseas ver que has sobrepasado ese límite, porque sabes que entonces no cumplirás tu objetivo. Esta carrera tienes que planteártela al contrario, debes marcarte un ritmo mínimo y nunca intentar bajar, si lo haces corres el riesgo de abandonar.
Los 10 primeros kilómetros, aprovechando que prácticamente son llanos, decidí hacerlos a un ritmo cómodo de 5 min/km, una vez que se disparan las pulsaciones es difícil ponerlas en orden. Me salieron un poco más rápido pero con el corazón totalmente controlado.
Cuando empezó la cuesta arriba me escapé del grupito con otro corredor de Alicante. Entre charlas, confesiones y risas iban pasando los kilómetros, sin darme cuenta que llevaba un ritmo más rápido que el que deseaba. Así que por enésima vez le repetí que tirara y al fin me hizo caso.
En el kilómetro 25 me informaron que iba el 60 de la general, me encontraba muy entero, aunque ya notaba la falta de costumbre de mi organismo a estar mucho tiempo corriendo. En este punto en una curva muy empinada a derechas eché a andar por primera vez, apenas andaba uno o dos minutos y continuaba corriendo.
A partir del 30 iba haciendo la goma con otros corredores, algunos alternábamos el correr con el andar y otros preferían correr todo el rato pero a un ritmo mucho más lento. Empezaba a darme cuenta de la dureza de esta carrera, cada vez podía correr menos tiempo seguido.
Empezaron las molestias en las piernas, en el 35 paré a estirar y por poco se me montan los cuádriceps, así que a partir de aquí paré varias veces y los estiramientos los hice con sumo cuidado renunciando a los cuádriceps.

A partir del kilómetro 41 subí con un nudo en la garganta, estaba totalmente emocionado, sabiendo que la cima ya era mía, pero incapaz de correr más de 5 minutos seguidos, así que decidí andar más pero a un ritmo más rápido.
Atrás quedaba un año muy duro en que la rotura del menisco y posteriormente la periostitis me hizo pensar que no podría volver a correr, cada vez que me acordaba de ello, tenía que tragarme alguna lágrima.
Parecía Bustamante con tanto “emocionamiento”, pero creedme, esta carrera no es para menos, sólo lo sabe el que la ha corrido.
Seguían pasándome corredores, intenté engancharme a alguno pero desistí, no quería abandonar y mis piernas empezaban a decir “basta”.
Todas las carreras son una competición contra uno mismo, pero esta particularmente es más, tienes que estar muy fuerte mentalmente para aguantar hasta el final. Cuando tus piernas amenazan con bloquearse, intentas conservar lo poco que te queda, no piensas en coger ritmo con otros.
Echaba de menos unas buenas piernas para poder correr algo más. Pienso que si en mi preparación hubiera fortalecido algo más las piernas podría haber estado “fácilmente” sobre las 5h15min – 5h30min ya que como digo las pulsaciones las llevaba bien controladas y sobrado de pulmones. Según mi gps estuve 21 minutos parado entre avituallamientos, estiramientos, intentar orinar (paré dos veces y entre que me la encontré y que no pude hacer ni una gota...).
Todos los senderistas, todos los corredores de la “minisubida”, todos los ciclistas; en fin, todo bicho viviente con el que te cruzabas te daba ánimos. Especial emoción sentí al pasar por la barrera, dónde se agolpaban muchos familiares que con sus aplausos te empujaban hacia arriba y arrancaban alguna lágrima escondida bajo mis gafas de sol.
Las vistas eran espectaculares, hizo un día totalmente despejado y en algún momento girando hacia la cara Sur, me pareció vislumbrar una montaña bajita completamente blanca, pensé que podían ser invernaderos de Motril o incluso de Almería.
Al entrar en meta me sentía el tío más grande de la tierra, había conseguido mi objetivo, acabar, y además lo había hecho de una forma más que digna, con un tiempo de 5h48min y puesto 116.
Durante la carrera pensaba que no volvería ningún otro primer domingo de agosto al Paseo del Salón, pero esa misma tarde ya pensaba en la próxima, pero esta vez con unas piernas más fuertes y aprendiendo a correr a ritmos aún mucho más lentos, que paradójicamente me pueden llevar a un mejor crono.
Los avituallamientos bien, excepto el último de sólido. Pedía plátano, apenas tenían y nos hicieron compartir uno entre 4 ó 5 corredores. Si en ese momento iría sobre el puesto 100, ¿qué pasaría con el que venía el 400?, ¿le guardarían la piel del plátano?. Para mi gusto faltó algo más de sólido, barritas y glucosa.
Al llegar, nada más parar de correr, me empezó a doler la cabeza y sentí algo de mareo (no sé si achacarlo a la altura o a no haber dormido nada la noche de antes).
La bajada hasta Granada fue un caos. La organización tenía previsto bajarnos en los remontes de la pista de esquí, pero el primero estaba cerrado por peligro de rachas de viento, con lo que nos bajaron en microbús. Arriba, donde sólo te daban una botella de isotónico, entre familiares, corredores de los 50 km, corredores de los 11 km y algún que otro senderista avispado, se formaban unas colas interminables para coger el microbús. Estuve muchísimo rato esperando para poder coger uno. Tiempo que aproveché para enfriarme las piernas con el hielo de un glaciar ( no todos los días puede uno enfriar con hielo de Sierra Nevada).
Ya a partir del segundo remonte fue todo más rápido y otra aventura que nos guardaba Enrique Carmona (el patrocinador), el que sufra de vértigo no se lo aconsejo. Me monté con dos onubenses de Isla Cristina y la bajada fue no parar de reír. Una pasada de bajada, con vistas preciosas y con todo el silencio que sólo te puede ofrecer la alta montaña, sólo roto por nuestras risas y comentarios. Particularmente me gustó más el primer remonte (era de los abiertos), en el segundo no tenías tanta sensación de libertad.
Trofeos, duchas y bocadillo en Pradollano y corriendo para el autobús. Y allí a esperar más de una hora para que se llenara. Hasta pasadas las 5 de la tarde no nos bajaron (y yo con un mísero bocadillo entre mis huesos).

Este es el perfil de la carrera (2700 metros de desnivel positivo en algo más de 48 km):

Fotos y vídeo de la carrera en: http://www.subidaveleta.com/





jueves, 21 de julio de 2011

V Carrera del Zapillo




A la tercera va la vencida. A pesar de no tener dorsal, gracias a Roberto (Barney), me presenté a la presi del Zapillo (Mayte) y un eficiente Paco me consiguió un dorsal. Desde aquí muchísimas gracias a los tres.
Al contrario de lo que me pasa en cualquier carrera de Jaén, tuve tiempo de sobra para calentar.
La verdad es que me sentí bastante sólo, no conocía a nadie con quién poder charlar, en Jaén no paro de cascar y saludar a diestro y siniestro y aquí estuve todo el rato con la boquita cerrada.
Salimos del campo de fútbol del Zapillo, nos llevaron por el parque botánico hasta el nuevo ferial (Estadio del Mediterráneo), corrimos un kilómetro (aproximadamente) por rambla (lo más parecido a correr por el desierto) y después de varias vueltas cerca del jardín botánico llegamos a meta en el mismo campo de fútbol del Zapillo.
En la salida me quedé un poquito retrasado respecto al grupo de cabeza (calculo que sobre el 30). Empecé a remontar, pero siempre buscaba estar acompañado por otro corredor, gracias a eso pude mantener un buen ritmo durante toda la carrera.
La rambla fue mortal, todos los corredores nos quedábamos clavados en esa arena tan blanda, te hundías y apenas podías correr. Si buscabas las hierbas para poder traccionar mejor te encontrabas con piedras grandes y sueltas que amenazaban con destrozar los tobillos.

Al salir de la rambla, continuamos por la carretera, tuve suerte de ir acompañado por un corredor del Zapillo que se llamaba como yo, así que cada vez que alguien le daba ánimos a él, me imaginaba que se dirigían a mí y eso hacía que me creciera. Al final de la carretera nos volvían por el carril bici, por lo que facilmente pude ver que la cabeza de carrera no estaba tan lejos y que en ese momento íbamos 6º y 7º, a un buen ritmo y aún bastante entero.
El 1º iba destacado, después en un grupo marchaban 2º, 3º y 4º, el 5º se había quedado un poco y mi compañero de fatigas y yo marchábamos a unos 150-200 metros de él.
En el km 8, viendo que el corredor del Zapillo era bastante más alto que yo y por tanto tenía zancada más larga me decidí a atacar, no quería un sprint final. Apreté mi ritmo y me descolgué poco a poco de él. Al mismo tiempo, veía que me acercaba al 5º, pero me faltó medio kilómetro más para poder darle caza.
Llegué a meta con un tiempazo (para mis posibilidades) de 37:07. Es la primera vez que llego tan arriba en una carrera y disfruté mi entrada en meta, parecía de la élite.
Carrera muy rápida (a excepción del paso por la rambla), completamente llana pero con un grado altísimo de humedad.
Pensaba que este último detalle me iba a pasar factura a lo largo de la carrera, pero lo cierto es que a pesar de que mi cuerpo no la tolera, aguanté bastante bien.
Organización por todo lo alto. Agua y fruta antes y después de la carrera, dos avituallamientos, gran bolsa de corredor (camiseta técnica, gorra, parasoles para las ventanillas del coche, fruta, refrescos, crema protectora, bocadillo, macuto...) todo ello en una carrera gratuita.
Sin duda una carrera para apuntar en el calendario de cara al año que viene.

jueves, 14 de julio de 2011

I Media Maratón Calar Alto

Siguiendo con mi preparación Veletiana, incluí esta media en mi calendario aprovechando que iba a estar por Almería.
La carrera, el entorno y la temperatura muy de mi agrado, la organización (bajo mi punto de vista) no tanto.
Al llegar a Gérgal, no encontramos ninguna señalización para Calar Alto y en los cruces posteriores tampoco. Preguntando y orientándonos con el observatorio logramos llegar sin novedad poco antes de las 9 de la mañana (pero ¿qué trabajo les hubiera costado colgar carteles con flechitas y la leyenda "carrera"?).
Cola interminable para recoger el dorsal, como no tenía muy católica la barriga, dejé a mi padre en la fila y me fui a descargar algo de peso entre pinares.
Ya bastante más ligero volví con mi padre a esperar mi turno. La cola apenas andaba y tardamos una eternidad en coger el dorsal. Intenté en vano que alguien de la organización me diera agua .
Por respeto a mi periostitis y mi rodilla, decidí que en los tramos con pendiente andaría, aunque mi corazón y piernas me pidieran correr.
La carrera se iba a retrasar así que después de cambiarme estuve un rato de charla. Pero el retraso no fue tanto y apenas empecé a calentar y pasando por el arco de salida, la organización llamó a los corredores al arco.
Me coloqué bastante delante, tenía a la élite muy cerca. Breve charla técnica y silbido para salir.
Salida bastante rápida aunque me quedé encajonado detrás de un grupito de 3 corredores y 1 corredora, no pude adelantarlos hasta pasados unos cientos de metros. En la salida noté como una piedrecita me entraba por la zapatilla, me rajaba el tobillo y volvía a salirse. Me ha dejado un recuerdo en forma de herida-agujero-rozadura debajo del tobillo bastante doloroso cuando me calzo las zapas.
La carrera se hace a una velocidad endiablada, de los 21 km, 18 son cuesta abajo o llaneando. Con lo que los ritmos que coges se asemejan a cualquier media maratón de asfalto (incluso más rápidos).
En el km 5, justo al lado del avituallamiento, nos encontramos un repecho con desnivel fuerte. Bebí tranquilo y a subir. No era muy largo, 500 ó 600 metros, pero tenía pendiente.
Acaba este escollo y después de otro rato de bajada por pista, me encontré con Lorenzo (del hockey) y otro corredor del grupo alpino Benalmádena. Tras una breve charla apreté el ritmo y dejé a Lorenzo atrás y me escapé con el de Benalmádena, con la excusa de que ya me pillaría en el cortafuegos.
Pero no fue así, me cogió antes. Nos desviaron de la pista para meternos por el único "tramo técnico" de la carrera, una bajada entre pinares muy facilona, sino fuera porque estaba llena de senderistas y de ramas bajas que se empeñaban en golpearte.
Mientras que daba mil rodeos para adelantar a los senderistas saliéndome del sendero y enganchándome en todos los pinos, vi como Lorenzo pasaba prácticamente por encima de ellos.
Así que cuando volvimos a retomar la pista y lo adelanté se quedó sorprendido. Apreté sabiendo la humillación que me haría pasar en el cortafuegos y fueron cayendo los kilómetros.
El de Benalmádena iba un poquito mejor que yo, aunque mantenía la referencia.
Al llegar al km 17,5, avituallamiento y justo al lado el comienzo del infierno. 2,5 km con unos 500 metros de desnivel salvado (calculé sobre un 20% de pendiente media).



Se me hizo algo largo el cortafuegos, sobre todo porque lo hice enterito andando, me adelantaron bastantes corredores (entre ellos Lorenzo).

Cuando acabé el cortafuegos otra vez a correr (esta vez cuesta arriba), sólo quedaba un kilómetro a meta, ya me fue imposible coger al grupito que llevaba a unos 200 metros.

Entrada en meta, puesto 28 y 1 h 53m 46sg. A una media de 5m 25sg.

Al llegar otra sorpresita con la organización, sólo daban una botellita de tercio de agua.

Les pedí otra y me contestaro que si cuando llegara el último senderista sobraba, entonces me la darían.

No entiendo qué trabajo les hubiera costado hacer buen acopio de agua y después devolver la que le sobraran. Por la zona no había nada de agua y dependíamos por completo de lo que nos dieran ellos.

En fin que la carrera bonita, no muy dura y nada técnica, ideal para iniciarse en carreras de montaña, pero bastante mejorable la organización.

En cuanto a mis entrenos continuarán en Almería, buscaré montañas por allí dónde mantener fuertes las piernas. Por lo pronto tengo carrera el sábado en el Zapillo, playa, ramblas, aire y arena; pero todo muy llanito.

Ayer (13 de julio) me despedí del guarda de Jabalcuz, ya no subiré por allí hasta después del Veleta. Espero que ese día suba al pico de Sierra Nevada como ayer lo hice a Jabalcuz, con un ritmo constante y sin parar.

Salud y kilómetros.

jueves, 23 de junio de 2011

Preparando la subida al Veleta

Ultimamente tengo bastante descuidado el blog pero no está ocurriendo lo mismo con los entrenos.
No quiero recaer con la periostitis, así que he tenido que limitar bastante las salidas y cada noche en mi casa "aceitico" y "masajico" pa' mi pierna.
Más de tres días a la semana no corro, lo que completo con elíptica. Eso sí, la tirada más corta es de 12-13 km, la normalita de unos 17 y la larga de unos 30 km.
En la corta meto cuestas con mucha pendiente pero cortas, para poner más fuertes las piernas.
La tirada de 17 kilómetros cuando la hago en desniveles intento hacerla a un ritmo bastante vivo y cuando corro en llano hago cambios de ritmo a intervalos de tiempo.
Pero el plato fuerte de la preparación está en la tirada larga. Cada salida he ido aumentando la dureza, me he estancado en 30 km, creo que lo que haga de más serían kms basura.
Comencé haciendo una ruta circular de Entrecaminos - La Guardia - Crta Puerto Alto - Entrecaminos, unos 25 km, con "apenas" 400 metros de desnivel +.
La siguiente salida añadí a la anterior el escollo de subir al Cerro San Cristóbal (1000 m)añadiendo unos 5 km más a la ruta y un desnivel + acumulado de unos 800 m.

Vista de Puerto Alto desde las Allanadas en el Cerro San Cristóbal (hasta ahí arriba subí):


También he ido a Pegalajar desde Entrecaminos, cruzando la Serrezuela, unos 24 km con 600 m de desnivel.

Pegalajar visto desde Puerto Alto:

Corriendo por la carretera de Puerto Alto, pensé que un buen entreno para el Veleta sería subir desde el puente de la Sierra hasta todo lo "alto" de Puerto Alto, valga la redundancia. Unos 15 km de contínua subida y llegué hasta los 1330 m de altitud, partiendo desde los 430. Con lo que me salía una pendiente media del 6%, extrapolándolo a los 50 km del Veleta sale 3 km de desnivel; por lo que pienso que pendientes parecidas a esto será lo que me encontraré.
Este lunes pensé que mi ansiado Veleta era la excusa perfecta para subir a Jabalcuz. Nunca había subido corriendo, ni tampoco había ascendido por la falda que da a la carretera de los Villares, siempre lo había hecho por Caño Quebrao.
Salí desde la rotonda de la Carretera de los Villares por el carril bici(no sé quién me manda meterme por ahí) llegué hasta el restaurante que corona el puerto de los Villares sin localizar la empinada cuesta que conduce hasta Jabalcuz. Me dí la vuelta pensando que era una locura seguir buscándola, que se me iba a hacer de noche. Pero cuando iba a arrojar la toalla después de haberme recorrido casi todas las urbanizaciones, comencé a subir por una cuesta empinada (Urbanización Bellavista) que recordaba haber bajado con la bici.
Algo más arriba cruce de caminos, volví a equivocarme (no está señalada la subida y las pocas señales que existen inducen a error), cogí el camino más empinado, el que subía recto. Se perdió entre las olivas y seguí subiendo en línea recta hasta que cogí la pista forestal.
De aquí hasta el refugio ya no había pérdida. Al llegar al refugio breve charla con el guarda (que me miraba como si acabara de bajar de un ovni) y muy amablemente me rellenó el bote del agua.
Ruta que tengo que repetir, muy chula y fresquita. Desde los 600 m llegas a los 1614, con lo que tiene un desnivel considerable que salvas en apenas 15 km.

Vistas desde Jabalcuz:


Estoy disfrutando como nunca he disfrutado para preparar una carrera, si hay algún pero, éste es el calor. Para que no se me haga de noche, tengo que salir entre las 6 y 6.30 de la tarde, con la fresquita.
Entre entreno y entreno también he metido alguna carrera, para no perder chispa.
Aunque sé que el 7 de agosto lo que menos voy a necesitar es chispa.
Sé que me faltan entrenos en altura, pero para eso tengo que desplazarme con el tiempo que ello conlleva, tendré que confiar en mi cuerpo y cruzar los dedos para que no me afecte la altura.

lunes, 6 de junio de 2011

5000 en pista Memorial Paco Manzaneda

El sábado 4 de junio se celebró el Memorial Paco Manzaneda en la pista de la Salobreja de Jaén.
No me gusta la pista, pero esto es como la tónica y cada vez que la pruebo me gusta más...
Masiva afluencia de corredores, sobre todo en veteranos, incluso los ocho jueces presentes baremaron la posibilidad de hacer dos salidas, pero al final se decidió que sólo controlarían a la cabeza de carrera y que los demás llevaran su cuenta.
Me coloco sobre la calle 4 y en 5ª o 6ª fila sabiendo que no era un buen sitio para coger una buena rueda, pero no podía avanzar más. Pistoletazo y empiezan los tropezones y zancadillas y el pedir "perdón" a diestro y siniestro.
Sabía que tenía que adelantar rápido para no quedarme encajonado en ningún grupo numeroso.
Cuando quise acordar y empecé a correr a mi ritmo estábamos en la 3ª vuelta (menos mal que no era un 1500).
Buscaba a mi compi de club Manolo, pero lo ví junto con Juanra que ya me sacaban cerca de 100 metros, así que dí por perdido ese grupillo.
Mientras me lamentaba por mi mala posición de salida y seguía adelantando gente (por la calle 2, 3 e incluso la 4) me pasó un corredor del Fermín Cacho al que decidí seguir.
Las vueltas empezaron a caer y la distancia que me llevaba el de Andújar se mantenía en 10 metros, empecé a sentirme cansado y pensé que acabaría marchándose. Gracias a la experiencia y consejo de mi buen amigo Cristóbal García Vico (espectador de lujo de la carrera) que a partir de la 7ª u 8ª vuelta empezó a gritarme: "Nono, arrímate a él, pégate", hice un esfuerzo y me pegué como un sello. De esta forma iba mucho más cómodo que cuando me llevaba una pequeña distancia
Los jueces nos gritaban cuando pasábamos por meta que íbamos el 12º y 13º de la general.
Pasamos a Miguel Angel Muñoz (antes de la Guardia Civil, ahora del Porcuna) y a otro corredor que no conocía).
Iba muy agusto y notaba que mis piernas aguantaban aún una marcha más.
A falta de 3 vueltas el iliturgitano metió la sexta, hizo un cambio de ritmo brutal. Así que yo me limité a hacer el que me permitiera acabar ese último kilómetro con la cabeza alta y gracias a eso veía a mi compañero Juanra cada vez más cerca, tanto que en la última vuelta pensé que lo iba a pillar.
Entrando en los últimos 500 metros me dobló el gran Manuel López, vencedor de la prueba. No me lo esperaba, así que no pude abrirme a la calle 2 (luego le pedí disculpas), el tío iba sobrado, aunque hubiera corrido por la 8 hubiera vencido.
Aumenté el ritmo pero Juanra también, así que entré a 10 metros escasos de él. Creo que al final pasé a otro corredor (si era un doblado iba demasiado rápido). Así que acabaría el 10º o 11º.
Rebajé la marca del año pasado en 35 segundos, parando el crono en 18'25''. Muy bien teniendo en cuenta que después de casi un año de parón sólo llevo un mes y medio entrenando.
Tirarle de las orejas a unos cuantos doblados que hacían oídos sordos a los jueces, cuando repetían hasta la saciedad que los doblados se fueran hacia las calles exteriores, dejando la 1 a la cabeza de carrera.
Aproveché la tarde para soltar a diestro y siniestro mi intención de subir al Veleta este año, y me dí cuenta que no era el único loco y que la media maratón de Calar Alto (en Almería) va a estar llena de jiennenses con ganas de ponerse a prueba cara al Veleta.
El domingo paliza para las piernas, tocaba tirada larga a ritmos lentos y con algo de desnivel.
Así que me metí entre pierna izquierda y derecha 28,5 kilómetro con algo más de 800 metros de desnivel positivo y otros 800 negativo. De Entrecaminos a La Guardia, carretera hacia Puerto Alto, subida a las Allanadas del Santo (Cerro San Cristóbal), volver a bajar a la carretera, Los Arenas, Bermejales y otra vez a Entrecaminos.
El perfil de mi ruta:


Pienso ir aumentando algo los kilómetros y el desnivel, si no quiero acabar tocado en el Veleta. Aunque me temo que a partir de ahora me irá costando más el encontrar cuestas, porque ¿dónde voy a encontrar cuestas en Almería?.